(…) Ciertamente, desde su entrada en escena, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han ido despertando «tecnofilias» y «tecnofobias», utopías y distopías de todo tipo. Si escarbamos en la larga historia de la humanidad, podemos encontrarnos, por un lado, con los defensores a ultranza de los beneficios inherentes que aportan las nuevas tecnologías del momento, que serían el motor de cambio de muchas de las bases de nuestra cultura, y que expresan de esta manera un nuevo paradigma en gestación. Por otro lado, están las críticas respecto a los supuestos beneficios de las TIC que vierten los detractores de las innovaciones tecnológicas como agentes de cambio estructural. Para ellos, estas no tendrían nada nuevo que aportar a lo que ya existe de forma consolidada en la cultura y la sociedad (…)
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