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La “tecnofobia” en tiempos modernos

12 Jul

Los especialistas no pueden develar por qué es tan difícil incorporar las nuevas tecnologías a la educación.

por Mariana Otero

El salto de innovación que hoy necesita la escuela para sumarse a la sociedad digitalizada y cibernética es de tal magnitud que implica revolucionar viejas estructuras. En primer lugar, hay que erradicar la “tecnofobia” que abunda en los docentes y en sus instituciones. El tema es cómo hacerlo.

Si los argumentos sobre la utilidad de adoptar las tecnologías (y se destacan no sólo las virtudes pedagógicas) convencen a los maestros, se habrá dado un paso.

Para ello, debe quedar claro que su uso tiene fines y objetivos concretos e indispensables para las generaciones de nativos digitales. Y que ésta es una oportunidad histórica.

image La compra masiva de netbooks es, sin duda, un avance fundamental, pero no puede ser el único. Si bien sin máquinas nada se puede hacer, hay que garantizar las condiciones para aprovechar su potencial al máximo. Tan simple y complejo como eso.

¿Hay infraestructura? ¿Hay buenas conexiones eléctricas? ¿Hay maestros formados en capacitaciones concretas y específicas, que les permitan seleccionar los programas adecuados para aplicarlos a la curricula? ¿Está garantizada la conectividad en todo el territorio provincial y nacional? ¿Hay verdaderas ganas de sumarse a la revolución tecnológica, como lo están haciendo los países vecinos?

Los especialistas no pueden develar aún por qué es tan difícil incorporar las nuevas tecnologías a la educación, mientras prácticamente ningún sector productivo o social puede operar sin dispositivos electrónicos de comunicación. Sigue siendo una incógnita, aunque se intuyen algunas razones.

En este sentido, Alejandro Artopoulos, especialista en tecnologías de la información y la comunicación (Tics) y profesor de la Universidad de Buenos Aires, asegura que, aunque hay avances en el equipamiento de las instituciones escolares, las experiencias pedagógicas innovadoras son bajas. Explica que el modelo pedagógico más difundido sigue considerando a la informática como una disciplina en un laboratorio de computación con un contenido especial y que el uso de la tecnología en el aula es esporádica. Hay excepciones, pero son sólo eso.

Las escuelas, en un estado predigital, modernizan sus equipamientos sin tener muy claro qué hacer con ellos. El proceso es lento, y es lógico. Pero podría serlo menos si la entrega de netbooks viniera acompañada de formación e instructivos.

De lo contrario, corremos el riesgo de que la pretendida revolución tecnológica -que busca achicar la brecha de la desigualdad entre quienes tienen acceso a determinados bienes y quienes no lo tienen- vuelva a dejar afuera a los de siempre. En otras palabras, es como si las máquinas no pudieran nunca salir de sus embalajes, aun con las cajas abiertas. Sería un crimen desperdiciar esta oportunidad.

Fuente: La Voz del Interior
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Publicado por en 12 julio, 2010 en Artículo

 

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